Nostromo Editores
LA LUNA NEGRA DE LILITH
 

Ay Moiras que tejéis el destino!
Protejed el imperio de mi luna negra
porque ella es la única morada
de las trece serpientes cósmicas
y mío es el misterio de la vida y de la
 muerte,
mía es la sabiduría de las sibilas.

Kali
           cuida la luz de mi luna
Kali
           cuida mi poder soberano
           mi poder de madre no nacida
           de la simiente de hombre alguno.


SOL LASCIVO
 

Yegua reluciente, no permitas que huya tu corazón de la caverna oscura de tu pecho
--tu corazón embriagado de perfumes acres, por la violencia de la huida--
sudorosa la piel, los ojos agrandados, las pupilas bermejas.
Has comprado tu libertad con la muerte de tu hermana,
la esclava de ébano de la ergástula.
Ahora relinchas en la hierba mojada,
ahora practicas la brujería en los campos del centeno y la amapola,
ahora besas el sol y echas a volar tus crines
en las bodas de Dharma.

Negra yegua de oro del matrimonio sagrado.

El mar hambriento hace temblar sus fauces
                                y te llama.


Dharma: dios del sol en Bengala.


LAS RUINAS, EL MACHO CABRÍO Y EL GALLO NEGRO
 

El castillo de los cuervos en el acantilado
espera la llegada del bautismo pluvial
ese diluvio carnívoro
de los antiguos mitos
ese sueño de terrores que sale a cazar zorros
                                          en las florestas
y espera mi crueldad recelosa de araña de
                                          los cementerios.
Esa fina lluvia que azota mi rostro
en la carrera prodigiosa de un cuerpo ya
                                          vencido
que quiere alcanzarte.
Mi torso desnudo a los veinte años
donde hacían su nido las locas golondrinas
                                          espumosas.
Y Ay! mi sangre de pie
mi sangre adolescente
sola, en el reverso del espejo
sola
delante de las lunas de agua salada del espejo,
destrozado por la bacanal de los tréboles musgosos,
destrozado por las lágrimas ácidas de las sirenas.

La guerra de los semáforos y las motocicletas.
El vientre núbil de las danzarinas
que abrazan al compañero con lujuria,
fogón de rubíes y amatistas
fogón de rosas desolladas por el
                                          veneno.
Los cadáveres de los jóvenes que agobiarán
                                          la tierra,
que incendiarán la hemorragia con sus luces
que bombearán la ciénaga desesperada
con sus corazones de haschis y cocaína.

Inenarrable angustia, dolor de la abstinencia,
maravilla feroz de la lujuria
miel de Carmenta
miel de las bacantes,
                                          miel en la nieve
 sol de los desiertos sin oasis.


MESALINA
 

Porque la lluvia de polvo de los granates
pulidos en el matraz del alquimista
y la soledad atroz de los penitentes
me acribillan a balazos contra la sangrienta
                                  pared
donde los antiguos hebreos lapidaban a las
                            mujeres adúlteras
sin que la muerte pueda alcanzarme nunca,
sin que la ceremonia de la ejecución pueda
                                             acabar
de repetirse una y otra vez.
Porque estoy tambaleándome en una isla
                                                             de arena
donde el mar se contempla a lo lejos como
                             un espejismo
y los pozos de agua se han secado hace
                                   muchos años.
Porque soy la criminal Mesalina,
por eso grito,
por eso el silencio recoge mis feroces alaridos;
los animales han muerto,
los vegetales han muerto,
los peces ángeles están en lo más profundo
                                                     del océano.

Cuando el sol está en el cenit
Cuando la noche es el mediodía,
alguna veloz lagartija de fuego fatuo
se atreve a contemplarme con pavor
por un segundo,
con sus arrugadas pupilas desvaídas.
Luego se hunde en la playa de los Volcanes
                                              y desaparece.

Porque todas las mañanas una barca se
                        aparece en mis sueños,
una barca que es el delirio demoníaco de
                   la marea que se retira,
una barca que me devuelve el dolor voluptuoso
con que mi carne suda su fría fiebre de
                                        la madrugada
y la lengua, hoja amarilla y sin saliva de
                    mi lenta agonía.
Porque todas las mañanas esta barca de
                                         mis sueños
deja en la orilla una cesta con dos rodajas
                                       de pan de centeno
y una jarra pequeña de agua dulce.
Siempre en sueños yo mastico esas rodajas
                                                          de pan
y siempre en sueños bebo el agua que me
                                         dejan
los nocturnos espectros.
Y mi corazón moribundo prolonga así sus
                                latidos un poco más.
Yo, mujer maldecida y cruel
Yo, bella mujer vampírica, fantasmal y tenebrosa,
injustamente asesinada poco a poco,
masticando el rencor de la víbora
que muda anualmente su piel de áspero armiño verde
--esas escamas de nácar a la luz de los
                                                     faroles--

Yo represento el eterno retorno de todas las
                                                   cosas
y la frágil cortina de las pavorosas tempestades.

Mi boca está seca y preñada de terribles
                                                presagios,
mi matriz va a dar a luz a una niña
                        en la bahía.
Mi matriz de dragona.
La recién nacida tendrá la epidermis
                        resbaladiza
de los peces
y de los labios de miel rosa de los ángeles
                                                             lactantes.
La recién nacida vivirá en el fondo
                                   del mar
y sus cabellos serán las algas perfumadas
                             por mis remordimientos.
Entonará los cantos aviesos de las sirenas,
sus fatales hermanas.

         Ella hará encallar a todos los navíos
                                    de la tierra.
         Ella devorará a todos sus tripulantes.
                    Poco a poco,
                    lentamente
antropófaga en el caldero de la melancolía.
Los pájaros la besarán en la boca como
                       a María Egipcíaca.

Porque yo, Mesalina, he bebido la perla
                                  del veneno
en la copa fatal de los césares.

          Yo, la homicida asesinada.


© Nostromo Editores, 2002

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Se puede adquirir por intermedio de la librería Stevenson
autor_exus@yahoo.com.ar
 

Para bajar una muestra del eBook con los primeros poemas del libro, y poder apreciar los detalles de diseño, pinche

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La edición sobre papel también
está disponible en la librería
Stevenson.
 

© Carmen Bruna, 1992-2002


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