| Hola amigos, aquí
estamos otra vez, en esta lluviosa primavera.
Sigo hojeando mis libretas y los recuerdos fluyen. Trenes, terminales, playas, carpas, tormentas, bares. Gente intercambiando papeles escritos en colas de recitales de rock. Y ya empiezo a preguntarme qué será de la vida de fulano, etc. |
| Luego el otro
ese que arrogante cree indagar cuando en verdad, desahuciado apenas consigue reducir los misterios, la fe y la magia a una confortable asepsia de rótulos prolijos.
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Tanto se habló
del Unicornio, tanto se lo dibujó, tantos cuadros, tapices, dibujos
se lucieron con el Unicornio, tantos peinados se hicieron a la moda del
Unicornio, tantos juegos llevaban el nombre del Unicornio, tantas conversaciones
ocupó el Unicornio, que finalmente un día el Unicornio apareció.
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La vida puede soportarse
porque sucede de a ratos.
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Aquí aparece
Merton, no se qué año será, (77 o 78) ni recuerdo
si lo conocí por Grinberg (hola, Miguel!) o por mis amigos de Antimitomanía,
en todo caso no por mi educación formal católica de 7 años
en Seminario. Merton fue un monje trapense, autor de muchos libros y siempre
polémico para el Establishment de la Iglesia. Todavía sigo
sospechando que su muerte no fue un accidente (él estaba en contra
de la guerra de Vietnam), su muerte se produce en la misma época
que la de Hendrix y Joplin ¡que también hacían público
su desacuerdo con esa guerra!, y el problema era que movilizaban gente...
Lo más importante en la vida no es completar ninguna obra sino alcanzar un grado de conciencia y de libertad interior que está más allá de todas las obras y todas las realizaciones. Ésta es mi verdadera meta. Ello implica el que uno se vuelva desconocido y como nada. |
Verás, sólo
tenemos una alternativa: tomamos todo por cierto, o no. Si hacemos lo primero,
terminamos muertos de aburrimiento con nosotros mismos y con el mundo.
Si hacemos lo segundo y borramos la historia personal, creamos una niebla
a nuestro alrededor, un estado muy emocionante y misterioso en el cual
nadie sabe por dónde va a saltar la liebre, ni siquiera nosotros
mismos.
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¿Cómo
puedes darte tanta importancia sabiendo que la muerte te está acechando?
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La poesía
viene bien para "destruir la mierda de esta gran ciudad" (L. A. S.) Haga
patria , lea poesía. Parece que en una ocasión, a Juan L.
Ortiz, le han dicho que la poesía era una cosa de gente elitista
y alejada del mundo, a lo que respondió:
El poeta es el que ve el sufrimiento de una planta, de un insecto, el drama de la luz. ¿Cómo no va a ver el sufrimiento del hombre? |
Una amiga peruana
--hace mucho que no sé de ella-- nos regaló un libro del
que extraigo su "Presentación":
Vengo del fondo de la Tierra. Nací geminiana dentro de una mina de cobre en el Norte de Chile, famoso lugar de boxeadores. Desciendo de colonos. Mi padre, tañedor de balalaika, apaleado en Rusia, minero en Chile, profeta en Israel. |
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03-10-99 |
A la Libreta Tres