La palabra no es ni un instrumento,
ni un vehículo:
es una estructura, cada vez estamos más
seguros de
ello, pero por definición, el "ecrivain"
es el único
que pierde su propia estructura y la del
mundo en
la estructura de la palabra. Ahora bien,
esta palabra
es una materia (infinitamente) trabajada;
es un poco
como una super-palabra, lo real nunca
le es más que
un pretexto (para el "ecrivain", escribir
es un verbo
intransitivo); la consecuencia es que
ello nunca puede
explicar el mundo, o al menos, cuando
finge explicarlo,
sólo es para hacer retroceder mejor
su ambigüedad.
Roland Barthes
"Ecrivains y écrivants"
Ensayos críticos, 1977

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