César Cantoni

SEIS POEMAS
 
 

PIENSO EN SÓCRATES
 
 

Pienso en Sócrates.
Lo veo paseándose delante de las góndolas,
atiborradas de mercaderías
--desde salchichas hasta alardes de la electrónica--,
en el autoservicio de mi barrio.
(Alguna vez también se paseó
delante de los puestos de los mercaderes
de su ilustre Atenas,
con esa actitud de renuncia
de los que se conocen a sí mismos.)
Ahora sigo sus pasos.
No ha cambiado en absoluto;
nada lo tienta, nada lo seduce.
Tan sólo observa y se retira,
como si le sobraran razones
para no involucrarse con la época.


BORRACHOS EN MITAD DE LA NOCHE
 
 

Salen de los bares,
orinan en las vidrieras de los negocios,
eructan a la luna.
Luego se duermen en cualquier umbral,
sólo arropados por el frío
que baja de los astros.
Cuando bostezan,
la noche parece abismarse
en el negro agujero de sus bocas.


LA AUTOPISTA
 
 

Arriba, los dueños de la autopista
viajan a 120 kilómetros por hora
en modernos automóviles que desafían al viento.
Abajo, restos de hombres engullen
restos de comida, sobras malolientes,
mientras el viento helado aguijonea su piel.


LA PUTA DE PLAZA ITALIA
 
 

No soy sabia, no soy bella, no soy pura.
Sólo vergüenza y oprobio atraigo sobre el mundo.
Pero al menos en lo hondo de mi alcoba
yo libero por una noche al hombre
del mal de haber nacido.


UN SURTIDOR EN EL CAMINO
 
 

Tras mucho viajar por el desierto,
vi un surtidor en el camino.
No era un sueño, no era un árbol talado,
no era una estrella que caía.
Era un surtidor en el camino.
No tenía alas, no tragaba monedas
ni proponía ninguna reflexión en especial.
¿Por qué un surtidor debería ser lo que no es,
componer, acaso, una metáfora,
encarnar un símbolo arbitrario?
Lo que yo vi, fuera de toda controversia,
era un surtidor en el camino,
sí, un surtidor en el camino,
nada más y nada menos que un viejo surtidor.


MOMENTO EN LA CARNICERÍA
 
 

En hilera, contra blancos azulejos salpicados de sangre,
las reses colgaban de las gancheras hasta el piso,
y yo sentía que la poesía de todas mis horas
se confundía con esas carnes irredentas
de una manera vulgar e inocente,
y por un momento padecí la insalvable contrariedad
de ver enfrentados los sueños de los hombres
al filo mundano de la cuchilla del descuartizador.

 


Estos poemas, con excepción de "La autopista", pertenecen al libro "Cuaderno de fin de siglo", César Cantoni, Ernesto Girard Editor, La Plata (Buenos Aires), La Argentina, 1996.
© 1996, César Cantoni.

Uploaded on September 1st  1999.
Volver a 'Poesía'

Volver a la entrada


© Motor Cyberio, 1999