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Son escritos
en la piedra, la piedra los conoce, pero no los puede decir
La voz se vuelve viento en septiembre, y se entibia, se perfuma, olvidándose de sus tristes autores
de películas en blanco y negro, con olores también, que uno no sabe si recuerda
Pararse. Mirar eso antes de entrar, de subir a la entrega de ella, al deseo que se culmina y vuelve a abrir la puerta de las muertes
El poder fulminante de las palabras, de su no ser usadas todavía, ya no existe Las hojas se estremecen, sin embargo, sin sentido ninguno, hermosamente, en el viento que se está levantando!
el techo que la amparaba era trágico como los olvidados sueños de los viejos de enfrente abandonados en el verano
Tu alma puede estar aquí y allí, en los seres o lagos apenas presentidos. Puede estar aquí o en otros lugares, puede ser o no ser. Todo depende,
se filtra en el bar el viento y lo hace irreal por completo
Esa útil maldad esa inconciencia de llenar el vacío
Cada cosa que vas descubriendo, te aleja de los que todavía la ignoran, porque no es posible transmitirla
a quemar otra vez la garganta ulcerada; si el propósito es hacer con ello un arte
esta barata fotocopia clandestina irá empalideciendo con los años hasta no poderse leer; y habrá silencio, y en él, amigo mío, habrá señales que no imaginamos, habrá mensajes terribles, testamentos injustos, instrucciones que llevarán a nuestros hijos al delirio
caminaba como por un sitio sagrado, el del deseo mío, sabido por los míos, mis amigos, y por qué ya no desean más, sino morir y ser nada después de haber sido algo?
morir y ser nada después de haber sido nada es dulce, es armonioso y dulce, es un río
nada y nada, nada en el alma, nada en el viento que no anda en nada
ellos son más verdad que yo, porque están muertos
No hay nada detrás. No hay calles para doblar
Pero no es una verdad. Es una muerte de película
Un deseo no puede satisfacerse con un poema, es algo sabido. Cuando un poema gusta es porque el lector se está gustando en el poema
Este libro debió ser más enigmático, más breve, menos vacilante. Este libro sólo dará de comer al Imprentero
las casas se agolpan donde están, se suben unas a otras, y las medianerías son terribles, crecen hacia arriba también, y proliferan
Sin miedo de perder, ¿cómo será el mundo?
Somos tus lágrimas. Estamos alejados de vos como una lágrima, fuera, y sobre tu piel, acariciando tu piel hasta que un manotón nos seque al comprender qué somos y nos borre
Darse tiempo. Mas que nada para atrapar el miedo.
tiempo de caminar solo, para desear pausada intensamente
Un valle cuyas montañas no pudieran verse sino andando leguas y leguas y que la vista se perdiera en medio de una vaga tristeza
Yo navego hacia allí, pero ya he estado antes. No buscaré misterios ahora, sólo un hotel. Sé que las hordas volverán a reunirse. Que la tierra seguirá girando alrededor de nosotros
He escuchado las voces, pero ahora que regreso, quién irá a creerme?
Todo parece un sueño para el que no miró los milagros con sus ojos |
Estos fragmentos
pertenecen al libro "Obra siguiente", Eduardo D'Anna, Libros del Hibiscus,
Rosario (Santa Fe), La Argentina, 1999.
© 1999,
Eduardo D'Anna.