Eduardo D'Anna
 
 
Son escritos
en la piedra, la piedra
los conoce, pero
no los puede
decir



La voz se vuelve viento
en septiembre, y se entibia,
se perfuma, olvidándose
de sus tristes autores



de películas en blanco
y negro,
con olores también,
que uno no sabe
si recuerda



Pararse. Mirar eso
antes de entrar, de subir
a la entrega de ella,
al deseo que se culmina
y vuelve a  abrir
la puerta de las muertes



El poder fulminante
de las palabras,
de su no ser usadas todavía,
ya no existe  Las hojas
se estremecen, sin embargo, sin sentido
ninguno, hermosamente,
en el viento que se está levantando!



el techo que la amparaba
era trágico como los olvidados sueños
de los viejos de enfrente
abandonados en el verano



Tu alma puede estar aquí
y allí, en los seres o lagos
apenas presentidos. Puede
estar aquí o en otros lugares,

puede ser o no ser. Todo depende,
y no, por cierto, de tus palabras,
salvo alguna. Azarosa que encienda
una señal en el momento justo



se filtra
en el bar el viento y lo hace
irreal por completo



Esa útil maldad
esa inconciencia
de llenar el vacío



Cada cosa que vas
descubriendo, te aleja
de los que todavía
la ignoran, porque no es posible
transmitirla



a quemar otra vez la garganta
ulcerada; si el propósito
es hacer con ello un arte



esta
barata fotocopia clandestina
irá empalideciendo con los años
hasta no poderse leer; y habrá silencio,
y en él, amigo mío,
habrá señales que no imaginamos,
habrá mensajes terribles, testamentos
injustos, instrucciones
que llevarán a nuestros hijos al delirio



caminaba como por un sitio
sagrado, el del deseo
mío, sabido por los  míos,
mis amigos, y por qué
ya no desean más, sino morir
y ser nada después de haber sido
algo?



morir
y ser nada después  de haber
sido nada es dulce,
es armonioso y dulce, es un río



nada y nada, nada en el alma,
nada en el viento que no anda
en nada



ellos
son más verdad que yo, porque están
muertos



No hay nada detrás. No hay calles
para doblar



Pero no es una verdad. Es una muerte
de película



Un deseo no puede satisfacerse con un poema, es algo
sabido. Cuando un poema
gusta es porque
el lector se está gustando
en el poema



Este libro debió ser más
enigmático, más breve, menos
vacilante. Este libro
sólo dará
de comer
al Imprentero



las casas
se agolpan donde están, se suben
unas a otras, y las medianerías
son terribles, crecen
hacia arriba también, y proliferan



Sin miedo de perder,
¿cómo será el mundo?



Somos tus lágrimas. Estamos
alejados de vos como una lágrima,
fuera, y sobre tu piel,
acariciando tu piel hasta
que un manotón nos seque
al comprender qué somos
y nos borre



Darse tiempo. Mas que nada
para atrapar el miedo.



tiempo de caminar solo,
para desear pausada
intensamente



Un valle
cuyas montañas no pudieran verse
sino andando leguas y leguas
y que la vista se perdiera
en medio de una vaga tristeza



Yo navego hacia allí, pero ya he estado
antes. No buscaré misterios ahora,
sólo un hotel. Sé que las hordas
volverán a reunirse. Que la tierra
seguirá girando alrededor de nosotros



He escuchado las voces, pero ahora
que regreso, quién irá a creerme?



Todo parece un sueño para el que
no miró los milagros con sus ojos


Estos fragmentos pertenecen al libro "Obra siguiente", Eduardo D'Anna, Libros del Hibiscus, Rosario (Santa Fe), La Argentina, 1999.
© 1999, Eduardo D'Anna.


Uploaded on February 2000.
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