Xavier Dimas
LA SONRISA DEL MIMO
 
PAISAJE
 

Zigzag en la nieve sucia:
tal vez un mechero celeste
que buscaba dar fuego
a un algo indeciso.

Más allá del horizonte,
transparencias enloquecidas.


ÚLTIMO DESEO
 

Noches asimétricas
para presentes indistintos:
baile de larga apatía
en el fondo oscuro de lo visible.

Explosiones de nieve
amanecen el mundo.

Un día
o cualquier día, cristales rotos
bajo el alféizar de la nada.

Oh madre.

Sólo te pediría hoy
no sentirme capaz de morir.


IMPRESENCIA
 

Las cañerías gruñen
en la inminencia
oscura del día.

Vienes a verme
en esta hora
última,
cuando la voz
es un pecado
y el insomnio desnudo
roza las fronteras de la nada.

Llegas. Nada se oye, yo: renáceme.
Hazme tú de nuevo,
mejor, o desaparéceme
al
fin
en la no presencia,
donde nos encontremos
invencibles.
            Desaparéceme.
Desaparécenos.


PUNTAL
 

De mi piel a la tuya
un abismo que despeña
vertederos de luz.


FÉNIX
 

A una señal
el cuchillo unánime
cercenó el cuello al infinito.

Sólo tú permaneciste,
                     fénix
del desengaño


PÁRAMO
 

Implacable ley del reflejo. Delfín
de sal con mi rostro y mi mentira.

Palpitación. Sangre. Nunca pedir perdón.
Podría engañarme
en versos, podría esconderme,
podría no decir nada
y perderme en la inercia
de los meses.
             Miento.
No me importa.

El mar se hunde.


PATRIA
 

Mi nido es este metro cuadrado
de luz rotunda,
estas palabras que no se desvanecen
aunque les falte vida.

Alrededor un abismo de café reseco
da voces,
patalea.


RETAL
 

Embestida pura del orden.

Se admira en la platea
la progresión feroz
de las fauces contra la carne.

Tropezando con los muebles,
atravesando estragos de aire,
huimos al sótano.
                 Allí,
en el retal del verso,
abrazamos las paredes.


MURO
 

Amarillo
de arena inútil
en el vestido de las retinas.

Misterio equilibrista de un segundo
que acaba con todo, como todo.

Sólo queda
al final una luz
que conduce a nadie.


IMPOSIBILIDAD DEL ENCUENTRO
 

Viene un despojo de augurio,
purificado en ti,
a mí,
     y lo acogo.
                Es la hora
del párpado.

Es la hora abierta de bruces,
destripada por su núcleo,
nuclearizada por lombrices
y la cal mortuoria
del olvido.

Es tu hora
de nuevo
no.


CIUDAD
 

A ras de cielo formas boreales,
o nubes, o pulmones sobrequemados.

En la calle
un mimo empapado por la lluvia
sonríe, meditando su venganza.
 



© 2002, Xavier Dimas.

Uploaded on September 7th  2002.
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