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La fiesta se apagaba
era el vientre de un insecto luminoso que se sostuvo un instante en el aire que encierran las manos de un niño
La noche era hundida como un balde en un pozo.
Supongo la mirada extraviada en una noche al fin
plana
La huérfana soy yo entre los animales
un arma pequeña, de dama, adornada con
Para ese tablero agrio de escarcha
una película que el ácido impregna
¿por qué confiar?. Si yo hubiese sido así
esa mirada
y no es amor lo que pierde la herida,
del entierro recuerdo la botella lacrada
Conocer la
todavía rastreo la rotonda
quítame la vida
huérfana y todavía arrastraré mi
y la vida es esa cruel mirada femenina sobre las
manos
no hay nada bueno que empiece por ser una
No es poco tocar la repugnancia de tu madre al
mirarte
Queda el desierto con su almendro
de leche
éramos bellas en el secreto de un cuarto
agrio niñas de
Un vidrio helado era imagen de luz y de borrasca.
Vuelve el verano como
un animal lustroso y jadeante;
y no era invierno
El calor se prende en los techos
como un broche
viento agrio que apartaba y manoseaba las piernas
de
Nadie te recuerda con zapatos blancos
Se detienen los ómnibus en el galpón helado
Toma de mí
esa inocencia: aceptar las caricias del
Yo no soy tu pesadilla
y no puedo consolar el cansancio
No soy tu naufragio.
No soy el fuego que mentía un
soy la que atraviesa descalza el monte fúnebre
donde
Lo vi hace 16 años y el gato fascinaba con su
¿por qué somos intensas las
camino entre jardines enrejados con un búho
hay una intensidad en las víctimas
Todavía silvestre errabas entre mármoles
deja tu lengua en mi lengua como a una
dame esa sangre de los atravesados por un familiar
la patria terminaba en un pastizal
sin pausa en el destello de la hoja de
acumulación de objetos
confesaría cualquier crimen con tal de
el murmurado peso de las agujas de pino sobre la
esa insistencia en verter el rojo
cae el dulce peso muerto de las flores de almendro.
Arden las estrellas del puñal en el cielo alto.
y nada será cierto, más que este retiro sin puertas
para quién suelta su música la máquina tragamonedas?
niebla de arrugados párpados sobre el
Padre, fue mucho tiempo atrás que
mientras giran los ventiladores de
el sueño
inunda nuestras sienes como terrones de un
nada que retener
un paisaje de cardos, el pobre azul
y la memoria, como un reducidor de cabezas, aprieta
sus
¿qué esperar ahora? La espumosa noche
¿para qué iniciar una conversación?
Pídeme la vida que
estoy sólo para ser asesinada
No querías contacto con esas bocas pintadas,
con esos
y eras extraña y sin caricias
y la tormenta comía los límites del parque.
La congoja de mis labios fue antes, en una copa
que por
yo estoy para las mutilaciones para los
escribir como un jadeo
La resonancia de
una palabra es tan alta tan
Mi nombre gritado desde esa alta formación de vidrio
¿es
mujeres embalsamadas en sindicatos
nuestra agonía era el
memoria donde la patinadora
La belleza nos retuvo
en su vientre como a un niño no
gargantas fijas que el crimen pule
Todos somos hijos de la
tormenta.
Navegar ha sido ese desdoblamiento de metales y
carbón,
trapo que la sal penetra
la muerte es poca cosa
La muerte es esa lona que el viento ha trabajado
calavera incrustada en telas negras única
bandera que
ya no hay sombras de las sombras de los barcos
que el
quién busca al ángel rubio y le pone
una estaca de plomo
¡atrás los remos!
¡atrás los botes en la
costanera de los cobardes
lenguas dobladas sobre
la sífilis deja su grano
y todo para lanzar un furioso garfio contra la
ciudad
la ciudad saqueada
¡a los remos! pluma
desencajada
Sólo adolescentes que la fiesta consume.
Luego aparecen
Un golpe de muleta sobre la madera hinchada de
los
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Estos fragmentos
pertenecen al libro "Tangos del Orfelinato / Tangos del Asesinato", Leonor
García Hernando, colección Mascaró, Buenos Aires,
La Argentina, 1999.
© 1999,
Leonor García Hernando.
MUY IMPORTANTE:
Si, luego
de leer estos recortes, se hubiese usted óquerido lectoró quedado con ganas
de más, puede leer el libro entero en:
http://orbita.starmedia.com/~susi_11/mascaro/leonor1.htm