Miguel Gaya
 
Moby Dick
 

¿Qué habrá sido
del ataúd tatuado
boyando
en el inmenso mar?
¿Qué del saludo
de la mano del capitán
invitándome?
Años de letras
de literatura
para espantar de los ojos
la blanca espuma
de la ballena acechante


La vuelta al mundo en ochenta días
 

En vísperas de su azaroso viaje
el Señor Phileas Fogg tuvo una visión
que determinó la actitud flemática
con que afrontó después sus aventuras:
En un remoto país  /  casi bárbaro
un niño contemplaba maravillado el paso de su globo
y él lo saludaba gravemente con su galera
un siglo después
en una sala oscurecida
en la nada


Facundo
 

Los refucilos le traen
algún problema
Hombre meticuloso
el rastreador requiere
luz eterna
Su fama se alimenta de restos
residuos de una vida
efímera
que él, incansable,
clasifica, poda, inmoviliza
para que el caos tenga
algún sentido


Cuentos de la selva
 

Era un hombre robusto
el que decía
que una víbora bien puede
acabar con un hombre robusto
en darse cuenta que se muere
Y así este hombre
sensato
cuando sopla el viento norte
en la ruta que une
Presidencia Roque Sáenz Peña
con Resistencia
a la altura de Quitilipi
sale con su camioneta
y pisa víboras
que cruzan el asfalto
perseguidas por el terror que les produce
el viento norte
porque
como explica con detalles
y ademanes
el viento norte tiene una cualidad
la de soplar
en círculos
azotando las víboras
con pastos
como latigazos
y así provoca su pavor
y su ira
y atacan todo aquello
que resulte amenazador
por ejemplo
las piernas de los hombres
que se mueven
en el camino cuando
el vehículo se atasca
y deben bajarse a inspeccionar
el motor
y son muertos
por relámpagos dementes
a la vista
de toda la familia
impotente en el auto
Por eso el hombre
sensato y robusto y con
deberes comerciales en la ciudad
de Quitilipi
abandona todo
apenas empieza
ese viento
para perseguir víboras
en la cinta de asfalto
y a veces retrocede bruscamente
para dar caza a alguna
y otras veces patina
sobre algo viscoso
y así pasa
las mañanas
o vuelve a su casa
tarde en la noche
con el motor de la camioneta
resoplando
y a punto de estallar


Las aventuras de Huckleberry Finn
 

Huckleberry Finn desea
un pastel de manzanas
zapatos en la lluvia
Alguien desea para Huck
pastel de manzanas
zapatos en la lluvia
Si los tuviera
nadie desearía para él
lo que él desea
Esta es la verdad  /  gris
del amor


La guerra de los mundos
 

Oh madre que los marcianos
del Señor Wells ya no me acechen
Que los nocturnos
los embozados
no me persigan. No me maniaten
asfixien señalen con su
arma eléctrica del daño
Que los marcianos malvados
que pueden
desembarcar en medio
del terror de la noche
no me quiten lo amado
las uñas
el aliento con
bolsas de celofán
Yo no quiero
a los marcianos
del Sr. Wells
No los quiero
aquí


El Hombre de la Máscara de Hierro
 

Somos máscara
Una rigidez de rictus
puesta a proa
para hendir
el dolor del otro
No somos más
que caras
dolorosas
hendiéndose
Hierro para proteger
carne
inerme
Sangre
derramándose
detrás del llanto
de los ojos
asomados tras
la máscara  /
Mírame


Una excursión a los indios ranqueles
 

Para que engorde el caldo
le ponemos
cosas innombrables.
Para que tenga sustancia.
 Y después negamos
"Tiene choclo nomás
alguna tripa gordaÖ"

Tierra de ranqueles es esta
De cristianos dudosos.
Más que de mentiras
nos alimentamos de ocultamientos
Todos comimos
Carne de yegua
gusanos de la tierra.
 


Estos poemas pertenecen al libro "Colección Robin Hood", Buenos Aires, Editorial Acme, 1994, 76 pp.
© 1994, Miguel Gaya


Uploaded on March 2001
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