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Clepsidra Mural
En 1991, con motivo de una exposición de revistas literarias se nos pidió que enviáramos nuestra representación. La misma fue esta Clepsidra Mural compuesta de seis hojas para ser leídas sobre alguna superficie vertical que los organizadores tuvieran a bien encontrarle. Nunca supimos qué tal nos fue. ;) RundiNuskín Editor
ISSN: 0327-1773
Para ver la seguidilla de páginas tal cual, se supone, fueron expuestas, pinche acá.
Decía el
texto de nuestra presentación:
Buenos Aires, 29 de octubre de 1991 --¿Por qué publicar una revista literaria? --me pregunta cada tanto una voz diferente. --¿Por qué juega un niño? --me pregunta mi propia sonrisa como toda respuesta. Cada quien hace o debería hacer aquello que mejor le sale, pero también lo que le da mayor placer; y cuando estas dos afirmaciones se pelean, siempre gana la segunda. De este modo, no hay diferencia entre publicar una revista y construir una torre, los motivos son caprichosos y egoístas, aunque después alguien balbucee que se hace para "defender o recuperar o alimentar la cultura nacional" --para mesías ya tuvimos uno y así nos fue. Alguno estará pensando que doy poca explicación a mis afirmaciones; debo convenir que mis comienzos son siempre así, algo desordenados, provocadores, casi con ideología de puercoespín, pero la explicación no sólo va llegando sino que ha estado a la vista desde que empecé. No; no cuando empecé con esta carta, sino cuando empecé con este quehacer de papeles, tintas y encuadernaciones. Claro que ustedes pueden no estar al tanto de la fábula a la que pertecen Clepsidra y todo su mecanismo editorial independiente. Todo comenzó hace casi diez años; aprovecho para presentarme, mi nombre es Daniel Rubén Mourelle, fundé el Taller de Ediciones Independientes a principios de 1982, su función era y es: dar servicio a los autores que deseen publicar sus libros. Con el tiempo, una de las actividades del Taller fue la edición de una revista: Clepsidra, el primer número apareció en enero de 1984 y se fue transformando, año tras año, hasta ser la que hoy pueden ver. Muchas personas participaron en este derrotero, buenos y malos momentos, éxitos y frustraciones; hoy, Clepsidra tiene dos vinculaciones pricipales: una es el grupo de reflexión sobre la palabra y la escritura («Los Verbonautas») que coordino todos los sábados; la segunda es la editorial propiamente dicha que encara puntualmente la producción gráfica de un libro diferente cada semana. Yo dirijo esta suerte de parque de diversiones y lo disfruto mucho; éste es mi trabajo y vivo de lo que gano haciéndolo. Parecería mucho más heroico decir que lo hago por algún fin superior, pero la verdad es que lo hago porque me gusta ( en todo caso, éste es mi "fin superior": el placer) y ver cada libro y cada nuevo número de Clep terminados me da una gran satisfacción. Por otro lado, actualmente, de cada Clepsidra estamos colocando 200 ejemplares, 100 de los cuales son para los abonados quienes además reciben entre 25 y 30 libros de los que publicamos cada año; estos cien abonados son los que posibilitan la salida de Clepsidra mediante el pago de una cuota. Este pequeño círculo permite la distribución de libros de autores poco o nada conocidos y no tiene más pretensión que ésa. El día que nadie se interese por Clepsidra será el momente de decirle adiós; como director prefiero eso antes que meterla en el pulmotor de algún mecenas (aunque no lo debemos estar haciendo tan mal: ya hemos editado 30 números y vamos por nuestro octavo año). Como escritor me interesa escribir y como editor me interesa editar, hay veces en que estos territorios quisieran confundirse, yo trato de separarlos lo mejor que puedo. Si mi trabajo es de provecho para otros más allá de su función específica, me alegro; pero francamente las estatuas, los bronces y otras mascaradas de la historia universal me tienen cansado; mi tarea me ha dado y me sigue dando la oprtunidad de ver cómo muchas personas se sacan los ojos por tan magro botín. Para editar una revista o también para escribir cualquier cosa que pretenda vérselas con la, literatura, hay que partir de una base ineludible: que esto que haremos, en principio, a nadie interesa, apenas a quien pone manos a la obra; así sólo queda un camino: volverlo interesante, hacer que sea de interés. Siguiendo esta línea, Clepsidra busca lectores, quizá no cualquier lector, es decir: seguramente que "no cualquier lector", sino aquél con más afinidad a lo que su letra convoca; esto es lo interesante de que aparezcan muchas revistas: que se generan muchos espacios y cada uno con sus características especiales, no importa que después aparezca el sabio juez a calificarlas en mejores o peores, o a decir que las demás no le llegan ni a los talones a aquélla de su preferencia, porque hasta donde puedo querer la meta sigue siendo ser felices y me cago en los que se autonombran capitanes del barco; cada quien podrá decir lo que guste, publicar lo que se le cante (yo también --por supuesto--), y ¿quién podrá mandar a pique este deseo que de un comienzo habla desde el fondo del mar? Una revista literaria es un espacio para el desorden, para el encuentro entre escritores; sobre todo hoy que, en la Argentina, el fenómeno artístico comprometido con la literatura involucra hasta el último de los ejemplares de la primera edición. Pero claro, todo esto que digo ya es viejo, ya está dicho; hacer una revista literaria hoy seguramente es otra cosa, quizá sea obsoleto hablar de revistas literarias, quizá hasta sea obsoleto decir "revista". En fin, insisto: de lo que se trata es de hacer lo que nos hace felices; y hacerlo bien, es decir: seductoramente. |
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