Escenas con Xahuar - 001
--¿Por qué seguimos siendo sólo hombres? ¿Cuándo habrá
una mujer entre nosotros? --Uno de los dos que estaban
de pie se retiró hacia la penumbra de la cueva. Los
demás, los que estaba sentados y acostados en las
poses más variadas, murmuraron; la luz, irradiada
por el fuego, armaba y desarmaba gestos sobre sus
caras. Hueso, el otro que estaba de pie, había sido
interrumpido. Al rato, siguió hablando sin dejar de
mirar hacia la pared:

--Orientar la creatividad en un sentido, pero ¿cuál?
¿Un sentido público o uno privado? Lo que se vuelve
público, y es aclamado masivamente, me produce achatamiento,
con su sentido vuelto un sinsentido, su punto creativo:
una obscenidad o, con mayor frecuencia, una confusión.

Apoyó las manos sobre la roca y prosiguió:

--La inteligencia da grandes saltos en privado, pero
no es menos cierto que traza sus mapas gracias al
diálogo; sin embargo, diálogo entre dos no es lo mismo
que entre seis --y dejó de mirar hacia la piedra,
por un instante--, ni tampoco que entre cincuenta.
Ahora bien, cuando los presentes ya se cuentan de
a miles, ¿cómo es ese diálogo? --Volvió a mirarlos--.
¿Hay diálogo entre millones? ¿A qué velocidad? ¿Más;
o menos rápido que el tiempo?

Caminó hacia la penumbra, se metió las manos en los
bolsillos. No disimuló un temblor en la espalda:

--El arte tiene una cuota de efecto no-inteligible,
pero es su parte inteligible la que nos permite referirnos
a él; entonces, algo se pierde entre las muchedumbres,
hay algo de mimetismo con los insectos en eso de desplazarse
de a miles, de querer ver lo mismo del mismo modo,
de preferir la chatura con la excusa de estar buscando
diversión, o mucho más equívoco: buscando entretenerse.

Sus ojos se habían acostumbrado a la mayor oscuridad
de ese rincón y estaban fijos en Larum, quien seguía
de pie. Se dio vuelta, dirigiéndose hacia al fuego;
nadie se movió:

--Entretener es sostener entre dos tiempos, pero no
conviene olvidar que son precisamente esos dos tiempos
los que sostienen aquello que nos entretiene --y sonrió,
como solía hacerlo cada vez que las palabras le jugaban
estas bromas, cada vez que él mismo conseguía jugar
con dichas bromas hasta hacerlas suyas--. También
el Idiota es capaz de pasarse horas mirando el vacío;
los insectos no son idiotas porque no piensan --alzó
los brazos--, nada mejor que no pensar para estar
siempre de acuerdo en las metas a lograr; pero hay
que ser peor que idiotas para no hacer el esfuerzo
de diferenciarse.

El Idiota lo miró, estaba en cuclillas al otro lado
del fuego, sabía que Hueso exageraba, sabía que hasta
él mismo había logrado diferenciarse del resto del
País Vertical; ambos lo sabían. Y eso era parte del
juego de Hueso:

--El público irá desapareciendo como inteligencia
y se irá haciendo fuerte como número, como hormiguero,
y esto es un imán irresistible para las agencias de
publicidad --hizo una pausa--. Un público inteligente
no puede mantenerse junto por mucho tiempo, las ideas
harán que sus individuos se dispersen, a ninguno le
gusta verse a sí mismo saltar como el vecino; por
lo tanto, hay que dejar de saltar o romper el espejo.
Y, claro --hizo una recorrida con los ojos que abarcó
a todos y se detuvo en el rincón en el que se encontraba
el Idiota--, el estimado público sabe que romper un
espejo trae mala suerte.

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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/

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Xahuar
© 2002, Daniel Rubén Mourelle
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