--¿Por
qué seguimos siendo sólo hombres? ¿Cuándo habrá
una mujer entre
nosotros? --Uno de los dos que estaban
de pie se retiró
hacia la penumbra de la cueva. Los
demás, los
que estaba sentados y acostados en las
poses más
variadas, murmuraron; la luz, irradiada
por el fuego, armaba
y desarmaba gestos sobre sus
caras. Hueso, el
otro que estaba de pie, había sido
interrumpido. Al
rato, siguió hablando sin dejar de
mirar hacia la pared:
--Orientar la creatividad
en un sentido, pero ¿cuál?
¿Un sentido
público o uno privado? Lo que se vuelve
público,
y es aclamado masivamente, me produce achatamiento,
con su sentido vuelto
un sinsentido, su punto creativo:
una obscenidad o,
con mayor frecuencia, una confusión.
Apoyó las
manos sobre la roca y prosiguió:
--La inteligencia
da grandes saltos en privado, pero
no es menos cierto
que traza sus mapas gracias al
diálogo;
sin embargo, diálogo entre dos no es lo mismo
que entre seis --y
dejó de mirar hacia la piedra,
por un instante--,
ni tampoco que entre cincuenta.
Ahora bien, cuando
los presentes ya se cuentan de
a miles, ¿cómo
es ese diálogo? --Volvió a mirarlos--.
¿Hay diálogo
entre millones? ¿A qué velocidad? ¿Más;
o menos rápido
que el tiempo?
Caminó hacia
la penumbra, se metió las manos en los
bolsillos. No disimuló
un temblor en la espalda:
--El arte tiene una
cuota de efecto no-inteligible,
pero es su parte
inteligible la que nos permite referirnos
a él; entonces,
algo se pierde entre las muchedumbres,
hay algo de mimetismo
con los insectos en eso de desplazarse
de a miles, de querer
ver lo mismo del mismo modo,
de preferir la chatura
con la excusa de estar buscando
diversión,
o mucho más equívoco: buscando entretenerse.
Sus ojos se habían
acostumbrado a la mayor oscuridad
de ese rincón
y estaban fijos en Larum, quien seguía
de pie. Se dio vuelta,
dirigiéndose hacia al fuego;
nadie se movió:
--Entretener es sostener
entre dos tiempos, pero no
conviene olvidar
que son precisamente esos dos tiempos
los que sostienen
aquello que nos entretiene --y sonrió,
como solía
hacerlo cada vez que las palabras le jugaban
estas bromas, cada
vez que él mismo conseguía jugar
con dichas bromas
hasta hacerlas suyas--. También
el Idiota es capaz
de pasarse horas mirando el vacío;
los insectos no
son idiotas porque no piensan --alzó
los brazos--, nada
mejor que no pensar para estar
siempre de acuerdo
en las metas a lograr; pero hay
que ser peor que
idiotas para no hacer el esfuerzo
de diferenciarse.
El Idiota lo miró,
estaba en cuclillas al otro lado
del fuego, sabía
que Hueso exageraba, sabía que hasta
él mismo
había logrado diferenciarse del resto del
País Vertical;
ambos lo sabían. Y eso era parte del
juego de Hueso:
--El público
irá desapareciendo como inteligencia
y se irá
haciendo fuerte como número, como hormiguero,
y esto es un imán
irresistible para las agencias de
publicidad --hizo
una pausa--. Un público inteligente
no puede mantenerse
junto por mucho tiempo, las ideas
harán que
sus individuos se dispersen, a ninguno le
gusta verse a sí
mismo saltar como el vecino; por
lo tanto, hay que
dejar de saltar o romper el espejo.
Y, claro --hizo
una recorrida con los ojos que abarcó
a todos y se detuvo
en el rincón en el que se encontraba
el Idiota--, el
estimado público sabe que romper un
espejo trae mala
suerte.
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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/
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