--Dice usted
que hay otros xahuares... --cambió de
tema el Caballero,
parecía desilusionado o, también,
desconfiado ante
semejante casualidad--. ¿Impostores
tal vez?
--Nada parecido --contestó
Hueso--; ya no quedan impostores
en estas tierras.
No, al menos, alguno que pueda llevar
ese nombre con la
cabeza alta del orgullo; quedan
algunos chapuceros
de poca monta... Y ojo que no me
refiero a los actores,
que tanto nos alegran cuando
se cruzan en nuestro
camino.
--Era una idea, nomás
--agregó el Caballero, como
para restarle importancia.
Los ojos de Hueso
se iluminaron:
--Una idea debe,
por fuerza, ser efímera; pensar una
idea es desgastarla.
Si una idea se mantiene a pesar
del tiempo, hay
que sospechar que no era tal o que
no se le supo extraer
todo su jugo cuando aún era
fresco --y volvió
a sentarse en el suelo, esta vez
con la espalda apoyada
contra el árbol.
El Héroe estaba
inmóvil; comenzaba a darse cuenta
de que, por fin,
una parte de su búsqueda había terminado.
Estaba en presencia
de Hueso, y ése era, tal como
veía las
cosas, un paso fundamental para acercarse
al Xahuar.
El Caballero, en
cambio, miraba a quienes invitara
a compartir su cena,
con cierto recelo; sabía que
el Alado seguía
volando en círculos sobre sus cabezas
y eso fue lo único
que le permitió bajar la guardia,
aunque no del todo.
El Héroe no
pasó por alto las actitudes de su camarada,
mientras se acomodaban
para pasar la noche y elegir
los alimentos; pero
confió en que lograra establecer
una nueva lógica
para ese momento tan crucial. Hasta
el Alado le pareció
digno de confianza, a esas alturas.
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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/
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