Escenas con Xahuar - 014
Al anochecer, decidieron descansar, haciendo guardia
por turnos de dos horas; se dividieron en cuatro grupos,
esto les permitiría dormir seis horas antes de continuar
la travesía; acamparon entre la arboleda.
 
 

Agustín y Anahí estaban en el primer grupo de guardia,
cuidando el camino que llegaba desde arriba; la oscuridad
no era total, una fuente de luz, parecida a la luna,
les llegaba débilmente y les permitía verse entre
sí.

--Algo te preocupa... ¿Verdad? --Anahí lo abrazó.

--No termino de confiar en Fósforo; vos y yo sabemos
que mintió cuando dijo que Florinda había logrado
pasar al nivel A.

--Pero, por lo demás, se ha portado a la par de cualquiera
de nosotros.

--Sí, pero también está lo que le haya pasado al Juanca.

--¿Te parece que hablemos con Fósforo?

--¿Y dejar que sepa que tenemos otros modos de comunicarnos
entre nosotros? Si lo hacemos, habría que contárselo
a todos... No me parece.

--Es cierto --Anahí le acarició la mejilla y se acercó
hasta el borde, mirando hacia la oscuridad--. Esperemos
a ver cómo sigue nuestro viaje, y hablamos de nuevo
mañana a la noche.

Agustín fue hasta su lado, y le acarició la mano.
 
 

En el otro puesto, estaban el Francés y el Duardi.

--Hace rato que no decís nada, Francés.

Su amigo lo miró, sonriendo:

--Será que no tengo mucho que contar; extraño el barrio...
Y también extraño al Juanca --miró para abajo--. Vos
estás distinto.

--Me siento raro; es algo acá --el Duardi se puso
las manos sobre el pecho--. Pero no estoy tan seguro,
como vos, de que esté extrañando mi casa; no sé, es
como si me sintiera a gusto, como si conociera estos
lugares y me alegrara verlos de nuevo... ¿No te suena
gracioso?

El Francés volvió a mirarlo:

--Vos y yo siempre nos entendimos bastante y no es
que crea que sos otro --achicó los ojos--; a lo mejor
estás creciendo más rápido que yo --se rió--, y eso
no sería una gran novedad.

El Duardi también se rió, recordando las veces cuando
lo defendiera de "los chicos de a la vuelta", quienes
eran todos dos o tres años mayores que ellos:

--¿Qué habrá por allá abajo?

--¡Ja! ¿No tenés otra pregunta? Ésa es muy fácil.

--¿Fácil?

--Claro.

--Y a ver, ¿qué hay?

--Quilombo, Duardi; mucho quilombo.

Las carcajadas les sirvieron para sobrellevar mejor
la hora que les quedaba de guardia, e hicieron que
los otros dos centinelas miraran hacia su puesto,
nuevamente intrigados.

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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/

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Xahuar
© 2002, Daniel Rubén Mourelle
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