Escenas con Xahuar - 016
En el siguiente turno, la bajada fue para Hueso y
Gómez; se miraron de reojo durante la primera hora
sin emitir palabra. Gómez desconfiaba de su compañero
de guardia, había algo en él que le hacía recordar
a Benenito. Hueso sacó un paquete del bolsillo de
su abrigo, lo abrió y, apoyándolo sobre la palma de
su mano izquierda, se lo ofreció a Gómez:

--¿Qué son? --Le preguntó, mirando las cinco bolas
blancas que el envoltorio abierto dejaba ver.

--Caramelos de menta; tome uno --y se los acercó un
poco más.

--¡Cuánto hace que no como un caramelo! Creo que desde
la escuela de instrucción --y dejó de hablar de golpe,
sintiéndose indefenso. Hueso sonrió:

--Adelante; son los últimos que me quedan, y quién
sabe cuándo podré conseguir más... A lo mejor, en
el Vertical. Porque, ¿vamos para el Vertical, no?

--Eso no es algo de su incumbencia --le espetó, dándole
la espalda.

--Bueno, hombre; bueno --tomó un caramelo y se lo
llevó a la boca, cerró el paquete y lo guardó en el
mismo bolsillo--. ¿Gómez; verdad?

--Sí, Gómez --continuó sin mirarlo.

--Eso de hablar de espaldas, ¿es parte de la instrucción
que le dieron?

Una vez más, sintió que las defensas le jugaban en
contra; lo enfrentó:

--No es algo de lo que me guste dar explicaciones;
las doctrinas me tiene harto, aquí me tiene gracias
a ellas --sin acertar el motivo, se dio cuenta de
que las palabras casi le habían brotado sin haberlas
pensado; algo nuevo en Gómez, demasiado nuevo. Aún
así, una rara sensación de comodidad lo inundó.

--Doctrina. Letrina --Hueso se sentó con las piernas
cruzadas.

--No se siente, hombre.

--No se preocupe. Solamente duermo cuando quiero --se
inclinó hacia Gómez--. Por lo general, hago lo que
hago solamente cuando quiero --y sonrió, como desafiándolo.

--Su filosofía huele mal, ¿sabe?

--La filosofía ni siquiera huele; está seca.

--Yo me refiero a su filosofía --remarcó ese "su".

--¿Existo?

Gómez se vio sorprendido, pero se le escapó un gesto
afirmativo con la cabeza.

--Decir 'sí' es decir 'duda'.

--Por si le interesa, parte de ese adoctrinamiento
que me dieron decía que ante la duda es mejor el silencio
de la espera. Todo está en la letra, tiempo al tiempo.

--La letra ha sido creada para explorar nuestras inquietudes.
Para narrar nuestros viajes sin retorno. ¿Existimos?

Esta vez, el gesto de Gómez fue de rechazo; a lo que
Hueso agregó:

--Decir 'no' es decir 'soledad'. Dudas que bailan
entre solitarios.

Gómez volvió a mirarlo atentamente; ése fue el preciso
momento cuando dejó de preocuparse por sus defensas,
tan entrenadas; pensó en Valeria y le pareció comprender
algunos de sus reproches; movió la cabeza, como quien
se ve descubierto en un secreto, y le dijo:

--Dígame; ¿alguna vez dialoga sin tantas vueltas,
digamos, convencionalmente?

--Las convenciones nos dan un respiro, pero usted
y yo llegaremos a separarnos. De otro modo ¿cómo reunirnos
más adelante?

--¡Ja! Ve lo que le digo --como si la última pregunta
de Hueso hubiese demorado en llegar hasta su oído,
hizo una mueca de extrañeza--. ¿Reunirnos? Nuestros
caminos recién se han cruzado y usted habla de ¿reunirnos?
Si todavía no nos hemos dicho adiós --Gómez no lo
habría reconocido abiertamente, pero la sola idea
de no verlo más, le molestó.

Hueso, pareció dar en el clavo de algo buscado, se
puso de pie y no habló más por esa noche. Gómez, abrumado
como estaba, ante esa faceta de su persona que recién
descubriera, y contra todos sus antecedentes, se sentó
con la espalda apoyada contra la roca.
 
 

En la subida, el Quique y el Negro, también hablaban:

--Qué lugar, ¿eh?

El Negro se encogió de hombros, y dijo:

--Mi hermana sí que estaría a sus anchas acá.

El Quique inclinó la cabeza de costado:

--Decíme; ¿es bruja como todos dicen?

--¿Vos sabías que una vez me salvó la vida? --Miraba
hacia el vacío--; esa bruja, como vos decís.

--¿Usando brujería?

--No; las manos --alzó las suyas--. Mis viejos siempre
lo cuentan en Navidad; creo que es su modo de dar
las gracias.

--¿Pero usó brujería o no?

--Me agarró justo cuando me estaba por caer de la
terraza; yo tendría apenas dos años.

El Quique le hizo un gesto de fastidio y se alejó
unos pasos; cosa que el Negro aprovechó para agregar:

--Mis viejos siempre se extrañan y no se explican
cómo pudo hacerlo; mi mamá asegura que la Silvia estaba
en el patio, al lado del piletón donde ella andaba
lavando, y de pronto, oyó un grito y ya mi hermana
no estaba, miró hacia arriba, y ahí me vio, en medio
del aire, y las manos de la Silvia que aparecieron
y me arrastraron hacia atrás.

El Quique abrió la boca como para emitir una exclamación,
pero apenas lo señaló, extendiendo el dedo índice;
después, hizo como si escribiera el número uno en
el aire. El Negro trató como pudo de disimular su
sonrisa.

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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/

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Xahuar
© 2002, Daniel Rubén Mourelle
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