En el siguiente
turno, la bajada fue para Hueso y
Gómez; se
miraron de reojo durante la primera hora
sin emitir palabra.
Gómez desconfiaba de su compañero
de guardia, había
algo en él que le hacía recordar
a Benenito. Hueso
sacó un paquete del bolsillo de
su abrigo, lo abrió
y, apoyándolo sobre la palma de
su mano izquierda,
se lo ofreció a Gómez:
--¿Qué
son? --Le preguntó, mirando las cinco bolas
blancas que el envoltorio
abierto dejaba ver.
--Caramelos de menta;
tome uno --y se los acercó un
poco más.
--¡Cuánto
hace que no como un caramelo! Creo que desde
la escuela de instrucción
--y dejó de hablar de golpe,
sintiéndose
indefenso. Hueso sonrió:
--Adelante; son los
últimos que me quedan, y quién
sabe cuándo
podré conseguir más... A lo mejor, en
el Vertical. Porque,
¿vamos para el Vertical, no?
--Eso no es algo
de su incumbencia --le espetó, dándole
la espalda.
--Bueno, hombre;
bueno --tomó un caramelo y se lo
llevó a la
boca, cerró el paquete y lo guardó en el
mismo bolsillo--.
¿Gómez; verdad?
--Sí, Gómez
--continuó sin mirarlo.
--Eso de hablar de
espaldas, ¿es parte de la instrucción
que le dieron?
Una vez más,
sintió que las defensas le jugaban en
contra; lo enfrentó:
--No es algo de lo
que me guste dar explicaciones;
las doctrinas me
tiene harto, aquí me tiene gracias
a ellas --sin acertar
el motivo, se dio cuenta de
que las palabras
casi le habían brotado sin haberlas
pensado; algo nuevo
en Gómez, demasiado nuevo. Aún
así, una
rara sensación de comodidad lo inundó.
--Doctrina. Letrina
--Hueso se sentó con las piernas
cruzadas.
--No se siente, hombre.
--No se preocupe.
Solamente duermo cuando quiero --se
inclinó hacia
Gómez--. Por lo general, hago lo que
hago solamente cuando
quiero --y sonrió, como desafiándolo.
--Su filosofía
huele mal, ¿sabe?
--La filosofía
ni siquiera huele; está seca.
--Yo me refiero a
su filosofía --remarcó ese "su".
--¿Existo?
Gómez se vio
sorprendido, pero se le escapó un gesto
afirmativo con la
cabeza.
--Decir 'sí'
es decir 'duda'.
--Por si le interesa,
parte de ese adoctrinamiento
que me dieron decía
que ante la duda es mejor el silencio
de la espera. Todo
está en la letra, tiempo al tiempo.
--La letra ha sido
creada para explorar nuestras inquietudes.
Para narrar nuestros
viajes sin retorno. ¿Existimos?
Esta vez, el gesto
de Gómez fue de rechazo; a lo que
Hueso agregó:
--Decir 'no' es decir
'soledad'. Dudas que bailan
entre solitarios.
Gómez volvió
a mirarlo atentamente; ése fue el preciso
momento cuando dejó
de preocuparse por sus defensas,
tan entrenadas;
pensó en Valeria y le pareció comprender
algunos de sus reproches;
movió la cabeza, como quien
se ve descubierto
en un secreto, y le dijo:
--Dígame;
¿alguna vez dialoga sin tantas vueltas,
digamos, convencionalmente?
--Las convenciones
nos dan un respiro, pero usted
y yo llegaremos
a separarnos. De otro modo ¿cómo reunirnos
más adelante?
--¡Ja! Ve lo
que le digo --como si la última pregunta
de Hueso hubiese
demorado en llegar hasta su oído,
hizo una mueca de
extrañeza--. ¿Reunirnos? Nuestros
caminos recién
se han cruzado y usted habla de ¿reunirnos?
Si todavía
no nos hemos dicho adiós --Gómez no lo
habría reconocido
abiertamente, pero la sola idea
de no verlo más,
le molestó.
Hueso, pareció
dar en el clavo de algo buscado, se
puso de pie y no
habló más por esa noche. Gómez, abrumado
como estaba, ante
esa faceta de su persona que recién
descubriera, y contra
todos sus antecedentes, se sentó
con la espalda apoyada
contra la roca.
En la subida, el
Quique y el Negro, también hablaban:
--Qué lugar,
¿eh?
El Negro se encogió
de hombros, y dijo:
--Mi hermana sí
que estaría a sus anchas acá.
El Quique inclinó
la cabeza de costado:
--Decíme;
¿es bruja como todos dicen?
--¿Vos sabías
que una vez me salvó la vida? --Miraba
hacia el vacío--;
esa bruja, como vos decís.
--¿Usando
brujería?
--No; las manos --alzó
las suyas--. Mis viejos siempre
lo cuentan en Navidad;
creo que es su modo de dar
las gracias.
--¿Pero usó
brujería o no?
--Me agarró
justo cuando me estaba por caer de la
terraza; yo tendría
apenas dos años.
El Quique le hizo
un gesto de fastidio y se alejó
unos pasos; cosa
que el Negro aprovechó para agregar:
--Mis viejos siempre
se extrañan y no se explican
cómo pudo
hacerlo; mi mamá asegura que la Silvia estaba
en el patio, al
lado del piletón donde ella andaba
lavando, y de pronto,
oyó un grito y ya mi hermana
no estaba, miró
hacia arriba, y ahí me vio, en medio
del aire, y las
manos de la Silvia que aparecieron
y me arrastraron
hacia atrás.
El Quique abrió
la boca como para emitir una exclamación,
pero apenas lo señaló,
extendiendo el dedo índice;
después,
hizo como si escribiera el número uno en
el aire. El Negro
trató como pudo de disimular su
sonrisa.
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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/
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