El Francés
trató de descubrir si, en las palabras del pordiosero,
había algo
más; pero concluyó que estaba pensando en voz alta
y que, por excepción,
no apuntaba a sugerir entrelíneas. Hueso,
al descubrirse observado
con tanta atención, se le acercó, y
le dijo:
--El pensamiento
funda, pero ese cimiento no se está quieto,
buscar la estabilidad
es lanzarse tras un tesoro sin piedras
ni metales preciosos.
Por esto mismo, no pienso dejar de fundar
y buscar; lo precioso
está en la calidad de la talla, en la
delicadeza de esa
mano que interpreta.
--Ahora sí
que me desorientaste --le dijo el Francés--; pero
no sé si
es necesario estar, todo el tiempo, desentrañando lo
que no decís.
Me parece que yo también te voy a invitar una
cerveza, algún
día.
Hueso, sin sonreír,
dejó que el brillo en sus ojos completara
la escena; y comenzó
a caminar detrás del resto, que ya avanzaba
hacia el este.
[...]
Esa noche, el Caballero
se alejó del campamento, y caminó por
la costa hasta el
lugar donde, creía, habían desembarcado los
piratas. El espectáculo
ofrecido por la luna llena no fue lo
suficientemente
admirable como para consolarlo. Se sentó entre
las rocas que estaban
más cerca de la rompiente; observaba el
mar, tratando de
imaginar el barco, antes de la explosión; guardaba
el secreto deseo
de ver llegar a sus amigos, nadando. El Munx
había hecho
honor a su nombre, había muerto luchando; él mismo
querría terminar
así. Se extrañó al notar que sus pensamientos
regresaban al día
cuando visitara la imprenta. "Mi próxima historia
será para
contar sus hazañas", pensó, y se dio cuenta de que
no había
atesorado ninguna digna de mención, salvo ese último
movimiento del Munx,
antes del estallido, un movimiento que
el Caballero sólo
podía fantasear. "¿Quién buscará al Xahuar,
ahora? ¿Para
preguntarle qué?" Al igual que con el recuerdo
de Gino, el Xahuar
regresó a su presente, intempestivamente;
había perdido
de vista esa búsqueda: ¿sería suya ahora? ¿Suya
y de nadie más?
Su corazón tenía cientos de puertas, algunas
muy bien cerradas;
pero, por una hendija de cuya existencia
no estaba avisado,
se coló esa escena: el día cuando se cruzaron
con los chicos.
Lentamente, recaló en la figura de Hueso, quien
al tiempo que los
veía aproximarse, a la carrera, murmuraba
algo, una palabra...
"¿Cuál?" La imagen oscilaba hacia atrás
y hacia adelante,
no se detenía lo suficiente como para permitirle
escuchar. Unas toninas
sacudieron el mar a lo lejos, creyó ver
la sombra del Dorado,
emergiendo de su destino. Una palabra
resonó en
su cabeza. "Xahuar." ¿Era ésta la palabra de Hueso?
Continuó allí
durante poco más de dos horas, hasta que la magnitud
de la noche se le
hizo insoportable; debía regresar con sus
amigos. Al principio,
le costó dar el primer paso. "Xahuar."
Era como si lo estuviera
llamando; como una herencia inesperada.
Se quitó
una vez más la capucha y se frotó los cabellos, ya
crecidos luego de
que se los afeitara hacía más de tres meses.
"Más de tres
meses." ¿Quién era él hacía más de tres
meses?
Arrojó la
capucha entre las piedras, y se levantó.
¿Para qué
buscar al Xahuar? ¿Qué palabras podría tenerle reservadas?
Un paso, después
otro... "¿Para qué más palabras? ¿Para qué
más peso?"
No lo supo entonces, pero el fantasma del Xahuar
ya lo había
mordido; una ronda de fantasmas le cantaba en un
idioma que debería
aprender.
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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/
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