Escenas con Xahuar - 021
El Francés trató de descubrir si, en las palabras del pordiosero,
había algo más; pero concluyó que estaba pensando en voz alta
y que, por excepción, no apuntaba a sugerir entrelíneas. Hueso,
al descubrirse observado con tanta atención, se le acercó, y
le dijo:

--El pensamiento funda, pero ese cimiento no se está quieto,
buscar la estabilidad es lanzarse tras un tesoro sin piedras
ni metales preciosos. Por esto mismo, no pienso dejar de fundar
y buscar; lo precioso está en la calidad de la talla, en la
delicadeza de esa mano que interpreta.

--Ahora sí que me desorientaste --le dijo el Francés--; pero
no sé si es necesario estar, todo el tiempo, desentrañando lo
que no decís. Me parece que yo también te voy a invitar una
cerveza, algún día.

Hueso, sin sonreír, dejó que el brillo en sus ojos completara
la escena; y comenzó a caminar detrás del resto, que ya avanzaba
hacia el este.
 
 

[...]
 
 

Esa noche, el Caballero se alejó del campamento, y caminó por
la costa hasta el lugar donde, creía, habían desembarcado los
piratas. El espectáculo ofrecido por la luna llena no fue lo
suficientemente admirable como para consolarlo. Se sentó entre
las rocas que estaban más cerca de la rompiente; observaba el
mar, tratando de imaginar el barco, antes de la explosión; guardaba
el secreto deseo de ver llegar a sus amigos, nadando. El Munx
había hecho honor a su nombre, había muerto luchando; él mismo
querría terminar así. Se extrañó al notar que sus pensamientos
regresaban al día cuando visitara la imprenta. "Mi próxima historia
será para contar sus hazañas", pensó, y se dio cuenta de que
no había atesorado ninguna digna de mención, salvo ese último
movimiento del Munx, antes del estallido, un movimiento que
el Caballero sólo podía fantasear. "¿Quién buscará al Xahuar,
ahora? ¿Para preguntarle qué?" Al igual que con el recuerdo
de Gino, el Xahuar regresó a su presente, intempestivamente;
había perdido de vista esa búsqueda: ¿sería suya ahora? ¿Suya
y de nadie más? Su corazón tenía cientos de puertas, algunas
muy bien cerradas; pero, por una hendija de cuya existencia
no estaba avisado, se coló esa escena: el día cuando se cruzaron
con los chicos. Lentamente, recaló en la figura de Hueso, quien
al tiempo que los veía aproximarse, a la carrera, murmuraba
algo, una palabra... "¿Cuál?" La imagen oscilaba hacia atrás
y hacia adelante, no se detenía lo suficiente como para permitirle
escuchar. Unas toninas sacudieron el mar a lo lejos, creyó ver
la sombra del Dorado, emergiendo de su destino. Una palabra
resonó en su cabeza. "Xahuar." ¿Era ésta la palabra de Hueso?

Continuó allí durante poco más de dos horas, hasta que la magnitud
de la noche se le hizo insoportable; debía regresar con sus
amigos. Al principio, le costó dar el primer paso. "Xahuar."
Era como si lo estuviera llamando; como una herencia inesperada.
Se quitó una vez más la capucha y se frotó los cabellos, ya
crecidos luego de que se los afeitara hacía más de tres meses.
"Más de tres meses." ¿Quién era él hacía más de tres meses?
Arrojó la capucha entre las piedras, y se levantó.

¿Para qué buscar al Xahuar? ¿Qué palabras podría tenerle reservadas?
Un paso, después otro... "¿Para qué más palabras? ¿Para qué
más peso?" No lo supo entonces, pero el fantasma del Xahuar
ya lo había mordido; una ronda de fantasmas le cantaba en un
idioma que debería aprender.

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"Xahuar"
http://www.geocities.com/xahuar/

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Xahuar
© 2002, Daniel Rubén Mourelle
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