Paulina Vinderman nació en Buenos Aires en 1944.

Publicó los siguientes libros de poesía: Los espejos y los puentes (ed. Buenos Aires Sur, 1978), La otra ciudad (ed. Botella al Mar,1980), La mirada de los héroes (ed. Botella al Mar, 1982), La balada de Cordelia (Fundación Argentina para la poesía, 1984), Rojo junio (Literatura Americana Reunida, 1988) , Escalera de incendio (ed. Último Reino, 1994.) y Bulgaria (Libros de Alejandría, 1998).

Obtuvo el Premio Faja de Honor de la SADE (1988), el Tercer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 1988-89) y el Premio Nacional Regional de la Secretaría de Cultura de la Nación, cuatrienio 93-96.

Ha sido incluida en numerosas antologías y traducida al inglés, al italiano y al alemán.

Ha colaborado (con poemas, artículos y reseñas literarias) en publicaciones del país y del exterior: La Nación (Bs. As.), La Prensa (Bs. As.), Clarín (Bs. As.), El Espectador (Bogotá, Colombia), Hora de Poesía (España), Babel (Bs. As.), Babel (Venezuela), Diario de Poesía (Bs. As.), Intramuros (Bs. As.), Hispamérica (USA), entre otras.

Colaboró con Nina Anghelidis en la traducción al castellano de Votos por Odiseo, de la poeta griega Iulita Iliopulo, a ser editado por la Universidad de Granada, España.


En sus propias palabras :::

Lenguaje y existencia

El poder de la palabra escrita, la confianza en el lenguaje como acelerador de la percepción e instrumento para captar el orden de los sucesos del mundo, parte, según Joseph Brodsky, de "una herida provocada en el poeta por el lenguaje", refiriéndose a un famoso verso de Auden sobre Yeats: "La loca Irlanda te hirió hasta la poesía".

La poesía anida en el corazón del lenguaje, que es mencionar de otro modo el corazón humano; su permanente interrogación sobre la existencia sobrevuela todos los tiempos. Siempre abordé la poesía como una aventura: una exploración del mundo y el intento obstinado de comprenderlo. Una manera de reflexionar desde la acción.

Ese lenguaje nunca fue para mi, únicamente testimonio, tampoco un trompo danzarín que se evade de la historia. Más bien un fervor lúcido, un centro astillado de percepción (a veces un margen). Un puerto (con sus arribos y despedidas, amores y fracasos) desde el cual capturar la vida.


En 1996, participó del ciclo Stevenson Poética; para escuchar su lectura, pinche acá.

Foto: Daniel Grad (Stevenson / 1996)

AutorExus